Pastor Rafael Mulet
Gálatas 5:22-23: 22 Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, 23 mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.
INTRODUCCIÓN: Hoy queremos hablar de la novena y última manifestación o parte del fruto del Espíritu Santo: la templanza o dominio propio.
Pablo ha venido contrastando dos maneras de vivir.
Primero presenta las obras de la carne (Gálatas 5:19-21), es decir, aquello que produce naturalmente el corazón del ser humano caído. Luego presenta el fruto del Espíritu, que es la evidencia visible de una vida gobernada por Dios.
Es importante recordar que Pablo no dice "los frutos", sino "el fruto" (singular). El Espíritu produce un solo carácter semejante a Cristo que se manifiesta en nueve virtudes inseparables.
La última de ellas es la templanza, porque después que el Espíritu produce amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe y mansedumbre, también capacita al creyente para gobernarse a sí mismo con el poder del E. S.
Como alguien dijo:
"No es fuerte el que domina a otros, sino el que puede dominarse a sí mismo."
I. ¿QUÉ ES EL DOMINIO PROPIO?
La palabra griega ἐγκράτεια (enkráteia) significa literalmente tener poder sobre uno mismo, ser dueño de sí mismo.
Eduard Bounds escribió: "Es llevar fruto de sabiduría celestial; el genio, las pasiones, los apetitos y los deseos deben mantenerse bajo la rienda del Espíritu."
Literalmente significa: ser fuerte interiormente; tener dominio sobre uno mismo; ser capaz de decir NO cuando la carne dice SÍ.
Es aprender a decir: No a lo inmediato. Sí a lo eterno. No a lo placentero. Sí a lo santo. No a lo pasajero. Sí a lo que glorifica a Dios.
Calvino: "No podemos gobernarnos a nosotros mismos hasta que primero no nos sometamos completamente al gobierno de Dios."
Ejemplo bíblico: José en Egipto
Cuando la esposa de Potifar intentó seducirlo (Génesis 39), José estaba completamente solo. Nadie lo habría descubierto. Nadie lo vigilaba.
Sin embargo respondió: "¿Cómo, pues, haría yo este grande mal y pecaría contra Dios?"
Eso es dominio propio.
No fue la ausencia de tentación. Fue la presencia del temor de Dios.
El dominio propio no consiste en no sentir tentaciones.
Consiste en decidir obedecer a Dios aun cuando las sentimos.
Spurgeon dijo: Cuando el Espíritu Santo gobierna el corazón, también gobierna la lengua, los apetitos y las acciones
II. EL DOMINIO PROPIO EXPRESADO
1. Negativamente: Prov. 25.28: "Como ciudad derribada y sin muro es el hombre cuyo espíritu no tiene rienda."
En la antigüedad las murallas protegían la ciudad.
Sin ellas cualquier enemigo podía entrar.
Así vive quien no controla: su carácter; su lengua; sus deseos; sus impulsos.
El pecado siempre encuentra una puerta abierta.
Una persona que nunca controla su enojo puede destruir en cinco minutos un matrimonio construido durante treinta años.
Una palabra dicha sin dominio propio puede dejar heridas para toda la vida.
2. Positivamente: Tito 2.11-12: 11 Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, 12 enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente,
La gracia de Dios no solamente salva. También educa.
Nos enseña a decir: "No" a la impiedad. Y "Sí" a una vida santa. La gracia no solo perdona pecados. También transforma hábitos.
Debe usarse en muchos aspectos de la vida:
1. Para controlar la ira. Prov. 16:32: "Mejor es el que tarda en airarse que el fuerte."
Ejemplo bíblico: Moisés
Moisés era el hombre más manso de la tierra (Nú. 12:3: Y aquel varón Moisés era muy manso, más que todos los hombres que había sobre la tierra).
Sin embargo, cuando golpeó la roca en Meriba (Nú. 20), perdió el dominio de sí mismo y desobedeció a Dios.
Las consecuencias fueron enormes:
No pudo entrar en la tierra prometida. Una explosión de ira puede costarnos mucho.
Antes de responder un mensaje...Antes de escribir una publicación...Antes de levantar la voz...
Pregúntese: "¿Esta reacción glorifica a Cristo?"
2. Para controlar los pecados carnales: 1 Pedro 2.11: Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma,
Aquí entran: inmoralidad sexual; alcohol; tabaco; drogas; glotonería; pornografía; pereza; murmuración; palabras ofensivas, etc.
Ejemplo bíblico: Sansón
Sansón tenía una fuerza extraordinaria. Pero nunca aprendió a gobernar sus deseos. Fue más fuerte que un león, pero más débil que sus propias pasiones.
Finalmente perdió: su vista; su libertad; su testimonio.
Muchos creyentes no caen por falta de conocimiento bíblico. Caen porque nunca aprendieron dominio propio.
Prov. 16.32: Mejor es el que tarda en airarse que el fuerte;
Y el que se enseñorea de su espíritu, que el que toma una ciudad.
Lutero decía: La carne debe ser dominada, no consentida. El cristiano vive no para complacerse a sí mismo, sino para agradar a Cristo.
3. Para controlar el uso del tiempo, del dinero y del entretenimiento: 1 Cor. 6.12: Todas las cosas me son lícitas, mas no todas convienen; todas las cosas me son lícitas, mas yo no me dejaré dominar de ninguna.
Hoy no solamente esclavizan el alcohol o las drogas.
También pueden esclavizar: el teléfono celular; las redes sociales; las series; los videojuegos; las compras; el trabajo.
Una persona dice: "Solo voy a mirar cinco minutos." Y dos horas después sigue frente a la pantalla. Eso también es falta de dominio propio.
La pregunta no es: "¿Es pecado?" La pregunta debe ser: "¿Esto me domina?"
4. Para soportar las pruebas: 2 Cor. 4:17-18: 17 Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; 18 no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.
El dominio propio también significa controlar nuestras emociones cuando llegan: enfermedades; pérdidas; injusticias; persecuciones.
Ejemplo bíblico: Job
Job perdió bienes. Perdió hijos. Perdió salud.
Sin embargo, dijo: Job.1.21b:"Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito."
Eso también es dominio propio. No dejar que el dolor gobierne la fe.
III. TEMPLANZA ES TAMBIÉN SOBRIEDAD
Sobriedad significa tener una mente vigilante y equilibrada para:
1. Orar: 1 Ped. 4.7: Mas el fin de todas las cosas se acerca; sed, pues, sobrios, y velad en oración.
Una mente desordenada produce una oración superficial.
El creyente sobrio aprende a apartar tiempo para Dios.
2. Para resistir al diablo: 1 Ped. 5. 8-9: 8 Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar;
9 al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo.
Ejemplo bíblico: David
Venció a Goliat. Pero años después cayó delante de Betsabé. ¿Por qué? Porque un día dejó de vigilar. La falta de vigilancia espiritual siempre precede a la caída moral.
3. Para esperar la segunda venida de Cristo: 1 Tes. 5:6-8: 6 Por tanto, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios. 7 Pues los que duermen, de noche duermen, y los que se embriagan, de noche se embriagan.
8 Pero nosotros, que somos del día, seamos sobrios, habiéndonos vestido con la coraza de fe y de amor, y con la esperanza de salvación como yelmo.
Vivimos esperando el regreso del Señor. Por eso no podemos vivir distraídos espiritualmente. Cada decisión debe hacerse pensando: "¿Estaría tranquilo si Cristo regresara hoy?"
IV. EJERCITANDO EL DOMINIO PROPIO
Los atletas entrenan durante años para obtener una medalla que se marchita. ¡Cuánto más nosotros para una corona incorruptible!
1 Tim. 4:7-8: 7 Desecha las fábulas profanas y de viejas. Ejercítate para la piedad; 8 porque el ejercicio corporal para poco es provechoso, pero la piedad para todo aprovecha, pues tiene promesa de esta vida presente, y de la venidera.
La disciplina espiritual requiere esfuerzo. No para ganar la salvación. Sino porque ya somos salvos. La gracia no elimina la disciplina. La inspira.
Nuestros temperamento y carácter deben ser gobernados por el Espíritu Santo.
1. Debemos disciplinar nuestro cuerpo: 1 Cor. 6.19-20: 19 ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? 20 Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.
Nuestro cuerpo pertenece al Señor: Dormir bien. Trabajar. Descansar. Alimentarnos correctamente. Todo puede hacerse para glorificar a Dios.
2. Debemos disciplinar nuestra lengua:
Mateo 12:36-37: 36 Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio. 37 Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado.
Salmo 141:3: Pon guarda a mi boca, oh Jehová;
Guarda la puerta de mis labios.
Ejemplo bíblico: Pedro
Negó tres veces al Señor con su boca. Más tarde, lleno del Espíritu Santo, esa misma boca predicó en Pentecostés y tres mil personas fueron salvas.
La lengua sometida al Espíritu puede ser usada para cambiar vidas.
3. Debemos disciplinar nuestra mente:
Romanos 8:5: Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu.
Filipenses 4:8: Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.
Lo que llena nuestra mente terminará gobernando nuestra conducta.
Por eso debemos alimentar nuestra mente con: la Escritura; buena literatura cristiana; sana doctrina; himnos y música que exalten a Cristo.
4. Debemos disciplinar nuestro espíritu: 1 Tes. 5.23: Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.
Cultivar diariamente: oración; lectura bíblica; adoración; comunión con la iglesia; servicio cristiano.
La vida espiritual nunca crece por accidente. Crece mediante una dependencia constante del Espíritu Santo.
Me gusta como lo definió John MacArthur: El dominio propio no es fuerza de voluntad; es el Espíritu de Dios controlando la vida del creyente.
CONCLUSIONES:
Jesús, el ejemplo perfecto.
Después de cuarenta días de ayuno... Satanás lo tentó.
Jesús respondió cada vez: "Escrito está." No discutió con el diablo. No razonó con la tentación. Respondió con la Palabra y venció. Durante su arresto, Pedro quiso defenderlo con una espada. Jesús pudo llamar doce legiones de ángeles. Pero permaneció bajo el control perfecto del Padre. El mayor dominio propio de la historia fue permanecer en la cruz cuando tenía poder para bajarse de ella. No fueron los clavos los que retuvieron a Cristo. Fue su amor por el Padre y por los pecadores.
Él dijo en Lc. 9.23: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame.
El dominio propio comienza con la negación del yo para obedecer a Cristo.
El verdadero dominio propio se encuentra en la libertad que Cristo da.
Toda persona admira a quien domina un caballo salvaje. Pero Dios admira mucho más a quien domina su propio corazón. El hombre sin Cristo es esclavo de sus deseos. El creyente lleno del Espíritu aprende a decir:
"No" al pecado. "Sí" a Cristo. El dominio propio no es reprimir la personalidad. Es libertad. Es Cristo reinando sobre nuestras emociones, pensamientos, palabras y decisiones.
Ilustración final: Un barco gigantesco puede pesar cientos de miles de toneladas, pero cambia completamente de dirección gracias a un pequeño timón controlado por el capitán. Del mismo modo, una vida puede parecer inmanejable por la fuerza de sus pasiones, pero cuando el Espíritu Santo toma el "timón" del corazón, dirige toda la existencia hacia el propósito de Dios. No es el tamaño de las circunstancias lo que determina el rumbo de nuestra vida, sino quién sostiene el control. Cuando Cristo gobierna el corazón, el creyente puede atravesar las tormentas sin perder el rumbo.
El dominio propio muchas veces cuesta algo. Pero siempre cuesta menos que las consecuencias del pecado. Podemos ser fuertes en muchos aspectos y débiles en nuestro carácter.
El verdadero poder comienza gobernando el corazón. Las grandes caídas no ocurren de repente. Comienzan con pequeños descuidos. Cada vez que pecamos hacemos exactamente lo mismo: cambiamos lo eterno por lo temporal.
El dominio propio aprende a esperar. Muchas veces Dios prueba nuestra fe haciéndonos esperar. Esperar también es una forma de dominio propio. El Espíritu Santo transforma el temperamento. No elimina la personalidad. La santifica. Una decisión impulsiva puede borrar años de buen testimonio. Las grandes victorias públicas nacen de pequeñas decisiones privadas. John Owen escribió: Mata el pecado, o el pecado te matará a ti.
Amados hermanos, seamos humildes y pongamos toda nuestra vida rendida a los pies de Cristo para que su E.S. pueda gobernarnos, tomar todo el control y la victoria ganada por Cristo en la Cruz podamos disfrutarla de tal manera que en todo seamos más que vencedores al poder reflejar en nuestra vida diaria el carácter templado de nuestro Salvador y Señor Jesucristo.
El dominio propio no consiste en que el creyente se controle a sí mismo por sus propias fuerzas, sino en que el Espíritu Santo gobierne cada área de su vida. Cuanto más control tiene el Espíritu sobre nosotros, más dominio propio mostramos nosotros.
Por lo tanto, el fruto del Espíritu no consiste simplemente en hacer cosas buenas. Consiste en parecernos cada día más a Cristo. Y uno de los rasgos más visibles de Cristo fue su perfecto dominio propio. El creyente lleno del Espíritu no es quien nunca siente ira, miedo, deseos o tristeza. Es quien ha aprendido a poner todas esas emociones bajo el gobierno del Señor Jesucristo.
Que nuestros ajustes y decisiones no sean solamente en este momento en que escuchamos este sermón, sino que esa sea también nuestra oración diaria: "Señor, que nada gobierne mi vida fuera de Ti."
“Gobernados por el Espíritu”
No vence el fuerte que grita, ni el que impone su razón;
vence aquel que, en obediencia, rinde a Cristo el corazón.
Cada impulso, cada enojo, cada orgullo y ambición,
deben ir hasta la cruz en humilde rendición.
No gobierne más la carne con su engaño y su poder;
sea Cristo quien dirija nuestro hablar y proceder.
Negarse a sí mismo cuesta, es un diario morir;
pero quien se rinde a Cristo encuentra el verdadero vivir.
Cuando el Espíritu reina, hay templanza, paz y amor;
el carácter de Jesucristo brilla en todo su esplendor.
Iglesia, escucha el llamado: deja el yo sobre el altar;
que el Espíritu de Dios sea quien te haga caminar.
Y cuando el mundo pregunte de dónde nace ese valor,
diremos: "No es nuestra fuerza; es la gracia del Señor."
Vivamos, pues, cada día bajo el mando del Señor;
que no reine nuestra carne, ¡sino Cristo en el corazón!
PREGUNTAS PARA EL ENCUENTRO CELULAR:
- ¿Qué diferencia existe entre el dominio propio producido por el Espíritu Santo y el simple esfuerzo de la voluntad humana?
Comparta un ejemplo bíblico o personal que ilustre esa diferencia.
- ¿En qué área de su vida considera que necesita crecer más en dominio propio?
Puede ser en el uso de las palabras, el manejo de la ira, el tiempo, las tentaciones, el entretenimiento, las emociones o cualquier otra área mencionada en el sermón.
- El sermón mostró que el dominio propio se fortalece mediante disciplinas espirituales como la oración, la Palabra y la dependencia del Espíritu Santo. ¿Qué paso práctico puede comenzar esta semana para permitir que Cristo gobierne más plenamente esa área de su vida?
- ¿Qué quiere Dios que aprendamos de este sermón y cómo podemos aplicarlo personalmente esta semana?

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