Aunque el mundo se rebele contra Dios y rechace su autoridad, Él ha establecido soberanamente a Jesucristo como Rey sobre todas las naciones. El Salmo 2 encuentra su cumplimiento definitivo en Cristo y nos llama a abandonar toda rebelión, reconocer su señorío, rendir nuestra vida ante Él, servirle con temor y alegría, y encontrar refugio, seguridad y esperanza confiando plenamente en el Hijo.
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