SALMO 37: NO TE DEJES ENGAÑAR POR EL FALSO BRILLO, CONFÌA EN JEHOVÀ
El Salmo 37 nos enseña a no dejarnos engañar por la aparente prosperidad de los impíos, porque su brillo es pasajero y su final está en las manos de Dios. Los que confían en Jehová perseveran haciendo el bien, se deleitan en Él y esperan pacientemente en su justicia, aun cuando el mal parece triunfar. Aunque enfrenten dificultades y sufrimientos, los que confían en Jehová tienen la seguridad de que Dios los sostiene y les ha prometido un final glorioso.
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Pastor Samuel Ravelo
Mi familia llegó a Miami un septiembre, cuando yo tenía 17 años. El pastor de la iglesia donde íbamos tenía tres hijas. Para diciembre, yo ya estaba locamente enamorado de Yolanda. En la iglesia había intercambio de regalos. Mi equipo de investigación y yo logramos saber quién tenía el nombre de Yolanda, y cambié el nombre que tenía por el de Yolanda. Oré al Señor para que me ayudara a conseguir un buen regalo y tomé un bus hacia Downtown Miami. Cuando llegué, me encontré un angelito en la forma de un moreno americano, con saco y corbata. Él estaba vendiendo relojes de oro por un buen precio: lo que había ganado esa quincena. Yo estaba feliz de la vida por ese milagro del reloj de oro. Finalmente, el día del intercambio llegó y le di a Yolanda su gran regalo. Dos días después fui a casa del pastor y su esposa me dijo que el reloj había dejado de trabajar y que el color se le había caído.
Aquel reloj parecía ser lo que no era. Me dejé llevar por su apariencia y me dejé engañar. Yo no he sido el único que se ha dejado llevar por las apariencias y se ha dejado engañar.
En nuestra vida cristiana, casi todos nos hemos engañado, nos hemos desanimado y hemos sido tentados a perder la fe porque hemos visto personas que viven una vida contraria a lo que Dios dice y aparentemente son más bendecidas que nosotros. Todo les va bien; viven llenas de orgullo, son arrogantes y a veces nos maltratan. Algunas de ellas son nuestros jefes o los dueños de la casa donde vivimos; algunas son familiares y otras están casadas con familiares.
Posiblemente haya dicho: “¿Cómo puede ser que a ellos les vaya tan bien y a mí tan mal? Y yo, que me mato trabajando y hago las cosas correctas, apenas puedo pagar mis deudas. Estoy sobreviviendo. Ellos manipulan, mienten, abusan. ¿Qué ha pasado con las promesas de Dios?”.
Si usted se siente así, no es el único ni la única.
Job sintió indignación por el progreso de los malignos. Job 21:7: “¿Por qué viven los impíos, y se envejecen, y aun crecen en riquezas?”.
21:9 Sus casas están a salvo de temor, ni viene azote de Dios sobre ellos.
21:14 Dicen, pues, a Dios: Apártate de nosotros, porque no queremos el conocimiento de tus caminos.
21:23 Este morirá en el vigor de su hermosura, todo quieto y pacífico.
Asaf era músico y cantante, director de la música del tabernáculo. En el Salmo 73 escribió sobre su crisis espiritual y su frustración, inquietud y envidia ante la aparente prosperidad y la vida tan fácil que llevaban los impíos, mientras los justos sufrían.
73:3 Porque tuve envidia de los arrogantes, viendo la prosperidad de los impíos.
73:12 He aquí estos impíos (oposición a la voluntad de Dios), sin ser turbados (tranquilidad permanente) del mundo, alcanzaron riquezas.
En la Biblia están las respuestas que necesitamos:
David vio la misma situación a su alrededor. Dios lo inspiró para dar respuesta en el Salmo 37 a los mismos interrogantes e inquietudes de Job, de Asaf y de nosotros, advirtiéndonos que la prosperidad de quienes hacen el mal puede ser real. Lo engañoso es pensar que demuestra que su camino es correcto o que su seguridad durará.
El Salmo 37 nos enseña a tener la perspectiva correcta cuando lo que vemos pone a prueba nuestra confianza en Dios.
La naturaleza acróstica del salmo hace muy difícil identificar alguna estructura temática y literaria general.
Este salmo sigue el formato acróstico (alfabético), en el que cada versículo comienza con una letra, hasta que el salmista ha pasado por todo el alfabeto. No comentaremos cada versículo, sino solo su mensaje central.
No se trata, pues, de una oración ni de una alabanza, sino de una exhortación y de instrucciones muy concretas.
Tres características que los que confiamos en Jehová tenemos que recordar:
Los que confían en Jehová:
1. NO SE DEJAN ENGAÑAR POR EL BRILLO DEL MAL
37:1 “No te impacientes a causa de los malignos, ni tengas envidia de los que hacen iniquidad”.
No te consumas de rabia por quienes hacen el mal, por quienes practican la maldad y causan daño, los que han sacado a Dios del trono de su corazón y parecen salir ganando.
La palabra aquí expresa encenderse o arder de ira. Describe el ardor interior que sentimos cuando alguien hace lo malo y parece salir ganando.
El mismo verbo aparece en los versículos 1: “No te impacientes”; 7: “No te alteres”; y 8: “Deja la ira, desecha el enojo” (abandónalo, no te aferres a él), “no te excites de manera alguna a hacer lo malo”. No dejes que la ira arda dentro de ti hasta controlar tus reacciones. La repetición culmina con una advertencia: ese enojo puede llevarnos a hacer lo malo. Seis de cada diez personas encarceladas lo están por delitos violentos, muchas de ellas por la ira. La ira destruye en segundos el trabajo que nos ha costado toda una vida. En mi país dicen: “Tranquilo, quieto”.
EL BRILLO DEL IMPÍO ES UN ESPEJISMO, UNA ILUSIÓN ÓPTICA.
(V. 2) Porque como hierba serán pronto cortados, y como la hierba verde se secarán.
Por más que duren, el final viene a buscarlos. V. 9: Serán destruidos. Su aparente brillo, su seguridad, NO es permanente. 2 Pedro 3:8: Un día para el Señor es como mil años… A nosotros la espera puede parecernos larga, pero los ojos de Dios miran hacia la eternidad; el maligno vive para el momento.
Aunque aparentemente se vean como si tuvieran al mundo tomado de la mano…
35 “Vi yo al impío sumamente enaltecido, y que se extendía como laurel verde”.
David describe a alguien poderoso y temible, que se extiende como un árbol verde y frondoso, lleno de vida. La imagen destaca su vigor y aparente estabilidad. Parecía establecido, poderoso y seguro.
En los versículos 12–15, 17 y 20, el impío trama contra el justo. El Señor se ríe de él porque ve que viene su día. Desenvainan espada y enderezan su arco, pero se volverán contra él; su fuerza es quebrada y su prosperidad se disipa como el humo. Su poder momentáneo no puede impedir el juicio de Dios.
¿PERO QUÉ PASÓ?
36 “Pero él pasó, y he aquí ya no estaba; lo busqué, y no fue hallado. Se secó”.
Desapareció. Lo que parecía tan firme no permaneció.
Asaf, después de casi resbalarse y de tener envidia de los arrogantes al ver su prosperidad, escribió:
73:17 “Hasta que entrando en el santuario de Dios, comprendí el fin de ellos”.
Dios ve el final que nosotros todavía no vemos. Por eso, nuestra seguridad no puede descansar en las apariencias y la prosperidad pasajera del impío.
No basta con reconocer que el brillo del mal es pasajero. David nos recuerda a los que confiamos en Jehová cómo vivir mientras el impío aparentemente prospera.
NUESTRA RESPONSABILIDAD
2. Hacen el bien aunque el mal parezca triunfar
3 “Confía en Jehová, y haz el bien; y habitarás en la tierra, y te apacentarás de la verdad”.
27 “Apártate del mal, y haz el bien”.
Nosotros confiamos en personas que ni conocemos: doctores que nos operan, conductores de Uber y de taxi, enfermeras y pilotos; también confiamos en Waymo.
Pero muchas veces se nos hace difícil confiar en Dios. Usualmente, hay alguna área de nuestras vidas en la que, por razones que algunos desconocemos, se nos hace difícil confiar en Dios.
Confiar es sentirse seguro y poner la confianza en alguien. Este versículo no nos dice que pongamos solo cierta parte de nuestra confianza en Jehová, sino que confiemos en él en cada área de nuestras vidas. Esto sucede cuando unimos la fe y la obediencia: la confianza se expresa en seguir obrando correctamente, aun cuando parece que la deshonestidad produce mejores resultados.
Maneras en que demostramos confiar en Dios:
Una de las maneras de expresar nuestra confianza en Dios es hacer el bien: que todo lo que yo haga lo refleje a Él. Santiago 4:17 señala el pecado de saber hacer el bien y no hacerlo. Nuestra seguridad en Dios nos permite seguir obrando correctamente, incluso cuando otros prosperan haciendo el mal.
Pensemos en un pastor que lleva a su oveja donde pueda alimentarse. La expresión «te apacentarás de la verdad» nos invita a considerar la fidelidad: vivir fielmente y descansar en la fidelidad de Dios. La fe y la obediencia van juntas.
Cuando hacemos el bien, estamos siendo obedientes a la Palabra de Dios. Él está en el trono de nuestras vidas.
(V. 4) Deléitate asimismo en Jehová, y él te concederá las peticiones de tu corazón.
Deleitarse es encontrar placer o satisfacción. Aprendo a encontrar mi satisfacción en él. Aprendo a desear lo que Él ya tiene para mí, lo mejor.
Cuando nos deleitamos en él, caminamos seguros.
(5) Encomienda a Jehová tu camino, y confía en él; y él hará. (GPS)
Encomendar emplea la imagen de rodar o hacer rodar. Podemos ilustrarlo como una carga que hacemos rodar hacia alguien capaz de sostenerla. El texto nos llama a confiarle a Jehová nuestro camino, el curso de nuestra vida. Se trata de entregarle nuestras preocupaciones y confiar en que él actuará.
Resultado de confiar en Jehová:
6 “Exhibirá tu justicia como la luz, y tu derecho como el mediodía”. (Confiamos en que Dios hará justicia). 7 “Guarda silencio ante Jehová, y espera en él. No te alteres con motivo del que prospera en su camino, por el hombre que hace maldades”.
Confiamos en que Dios hará justicia y esperamos en él sin dejarnos dominar por la inquietud.
David seguía haciendo el bien, aunque el impío aparentemente triunfaba, porque sabía que Dios no lo iba a defraudar.
Él sabía que los que confían en Jehová:
3. TENDRÁN UN FINAL GLORIOSO
Considera el final de ambos caminos
25 Joven fui, y he envejecido, y no he visto justo desamparado, ni su descendencia que mendigue pan.
28 Porque Jehová ama la rectitud, y no desampara a sus santos. Para siempre serán guardados; mas la descendencia de los impíos será destruida.
Los que confían en Jehová:
31 La ley de su Dios está en su corazón; por tanto, sus pies no resbalarán.
Los que confían en Jehová no resbalarán; no se dejan engañar por el brillo momentáneo del impío. Los que confían en Jehová hacen el bien aunque el mal parezca triunfar. Y los que confían en Jehová…
37 Considera al íntegro (conducta recta), y mira al justo; porque hay un final dichoso para el hombre de paz.
Salmo 37:24: “Cuando el hombre cayere, no quedará postrado, porque Jehová sostiene su mano”.
Puede caer, pero no queda abandonado. La firmeza de nuestra esperanza descansa en la mano de Dios que nos sostiene.
Es el fruto de una vida que aprende a confiar en Jehová, sigue haciendo el bien y espera en él sin dejarse dominar por la envidia y la ira.
38 Mas los transgresores serán todos a una destruidos; la posteridad de los impíos será extinguida.
Para entender el valor de una vida, hay que mirar más allá de su prosperidad presente. El árbol vigoroso de los versículos 35–36 desapareció. Por eso, David dirige nuestra mirada al final del impío y del justo.
Quien camina con Dios puede mirar hacia el futuro con esperanza. Al hablar de un final glorioso, no estamos prometiendo una vejez sin enfermedades, abundancia económica ni una muerte sin sufrimiento. Nuestra esperanza descansa en la fidelidad de Dios, no en que todo termine como nosotros deseamos. 39 Pero la salvación de los justos es de Jehová, y él es su fortaleza en el tiempo de la angustia.
Nuestra salvación no viene de nuestra posición ni de nuestras posesiones; viene de Jehová. Él solo nos sustentará, no con manos débiles, como dice el versículo 31; por tanto, no resbalaremos.
40 Jehová los ayudará y los librará; los libertará de los impíos, y los salvará, por cuanto en él esperaron.
El final glorioso posiblemente no lo veamos en esta tierra, pero es la promesa de Dios.
Jonathan Edwards fue un pastor y teólogo estadounidense, reconocido como una de las figuras principales del primer gran avivamiento en Estados Unidos. Edwards y su esposa Sara criaron a 11 hijos en un hogar donde oraban juntos, leían la Biblia y había disciplina.
En 1900, el educador estadounidense A. E. Winship rastreó a los descendientes de Edwards a lo largo de cinco generaciones, descubriendo un patrón notable de bendiciones.
En un estudio sociológico de 1877, Richard L. Dugdale rastreó el linaje de Max Jukes, seudónimo de un individuo real, nacido alrededor de 1720 en Nueva York. Fue descrito como un hombre jovial, pero ocioso, que rechazaba el cristianismo.
La pregunta que sí debemos hacernos es esta: ¿qué estamos enseñando con nuestra manera de vivir? Cuando nuestros hijos, nuestros nietos y quienes nos conocen nos ven enfrentar la injusticia, ¿ven envidia y enojo, o ven a alguien que sigue confiando en Jehová y haciendo el bien?
Aquel reloj que le regalé a Yolanda perdió su color. Lo que parecía tan valioso no era lo que yo creía. No permitamos que el brillo del mal nos haga perder de vista el valor de una vida que confía en Dios.
Los que confían en Jehová:
No se dejan engañar por el brillo del mal.
Hacen el bien, aunque el mal parezca triunfar.
Tendrán un final glorioso.
PREGUNTAS PARA EL ENCUENTRO CELULAR
1- ¿Cuándo fue la última vez que sentiste que al impío le iba mejor que a ti?
2- ¿Cuándo fue la última vez que decidiste hacer el bien cuando te sentiste tentado a hacer lo opuesto?
3- En tu entorno, ¿has visto alguna diferencia entre el final de la vida del que teme a Dios y el final del inconverso y la diferencia en su descendencia?
4 - ¿Qué quiere Dios que yo aprenda de este pasaje y qué cambios debo hacer en mi vida para reflejar mejor el carácter de Cristo?
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