LAS TRAMPAS DEL ENEMIGO

Uno de los lazos más fuertes del enemigo es hacernos concentrar en necesidades que creemos tener, pero que Dios no nos ha provisto. Si estamos en su refugio, tenemos todo lo que necesitamos. Jehová es nuestro pastor y tenemos todo lo que necesitamos, si hemos sido fieles en hacer la parte que nos toca.

Pastor Samuel Ravelo 

“Él te librará del lazo del cazador y de la peste destructora”.

Salmos 91:3a: “Él te librará del lazo del cazador”.

Nuestro enemigo, Satanás, es un cazador profesional; anda cazando de día y de noche y ofreciendo lo que él no puede dar.

Dios nos protege del peligro invisible. Una alegoría de las trampas de Satanás. El enemigo es un experto en trampas. Nos librará de las trampas del enemigo, destinadas a hacernos salir del refugio. Nos librará de caer en engaños.

Uno de los lazos más fuertes del enemigo es hacernos concentrar en necesidades que creemos tener, pero que Dios no nos ha provisto. Si estamos en su refugio, tenemos todo lo que necesitamos. Jehová es nuestro pastor y tenemos todo lo que necesitamos, si hemos sido fieles en hacer la parte que nos toca.

Cuando nosotros, los militares, vamos a una guerra, tenemos que aprender sobre los armamentos y las estrategias que nuestros enemigos poseen. Esto se estudia antes de salir a un combate.

Para ser librados del lazo del cazador, tenemos que saber cuáles son las trampas que el enemigo usa para atraparnos.

¿Alguna vez han cazado animales, aves o han pescado?

Si los ratones hambrientos supieran que, cuando encuentran queso fuera de la nevera, en una tablita con metal, tienen que preparar primero su funeral, nunca caerían en esa trampa.

Este refugio no está muy lleno porque la mayoría de los cristianos se mantienen fuera, siendo engañados. Sus mentes están fuera del refugio, en peligro de ser cazados.

Satanás, nuestro enemigo, es un cazador profesional; anda de caza todo el día y toda la noche.

1 Pedro 5:8: “Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar”.

Un cristiano “sobrio” es prudente, disciplinado y vigilante en su manera de vivir.

Su trabajo es poner trampas. Por nuestro comportamiento, sabe en qué áreas somos débiles o cómo entretenernos para atacarnos.

Deuteronomio 25:17: “Acuérdate de lo que hizo Amalec contigo en el camino, cuando salías de Egipto; 18 de cómo te salió al encuentro en el camino, y te desbarató la retaguardia de todos los débiles que iban detrás de ti, cuando tú estabas cansado y trabajado; y no tuvo ningún temor de Dios”. Éxodo 17, en Refidim.

La idea de Satanás como un enemigo astuto que acecha y espera el momento oportuno para atacar.

Desde Adán y Eva, Caín, Abraham, Isaac, Jacob y los hermanos de José, hasta David, muchos de sus descendientes, incluyendo al sabio Salomón, y muchos más, cayeron en las trampas de Satanás.

¿Cómo caemos en las trampas del diablo?

Hay tres razones fundamentales por las cuales caemos en las trampas del enemigo: necesidad, instinto y engaño.

Para ser librados, tenemos que saber cómo no caer en las trampas del enemigo.

Dios nos invita a su atrio, a su abrigo, a su refugio, que es su Palabra y nuestra obediencia a ella. Pero el enemigo está fuera, constantemente rogándonos que salgamos, quiere que creamos que èl tiene algo mejor para nosotros y lo podemos conseguir màs ràpido. Es un maestro de la mentira, pero, lamentablemente, muchos caen en sus trampas.

I.           PRIMERA RAZÓN FUNDAMENTAL: NUESTRAS NECESIDADES

Muchos años atrás, cuando estudiaba Psicología, aprendí de un psicólogo llamado Abraham Maslow. Él escribió sobre las necesidades básicas que tenemos los seres humanos.

1. La Primera Necesidad básica: agua, comida, refugio y protección.

La misma Biblia habla sobre esta necesidad:

Proverbios 6:30, 31: “No se desprecia al ladrón si roba para saciarse cuando tiene hambre; 31 mas cuando es sorprendido, paga siete veces; tiene que dar todos los bienes de su casa”.

Proverbios 28:21: “No es bueno hacer distinción de personas, pues un hombre puede delinquir hasta por un bocado de pan”.

Jesús tuvo hambre y sed, pero esperó el momento correcto en que su Padre proveería para esa necesidad. Mateo 4:3, 4: “3 Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. 4 Él respondió y dijo: Escrito está: No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”.

Pasar hambre no es fácil. Hay personas que quedan marcadas de por vida por el hambre que pasaron cuando eran pequeñas. Esa necesidad básica no fue satisfecha y viven en un estado de inseguridad emocional. La Gran Depresión.

Sin comer y sin agua, no podemos vivir mucho tiempo. El cuerpo humano puede sobrevivir aproximadamente de 3 a 5 días sin agua.

Una persona puede sobrevivir entre 30 y 60 días sin comida si tiene acceso al agua.

La comida es una necesidad vital, pero ¿cómo podemos caer en la trampa del maligno al tratar de satisfacer esta necesidad?

Jesús tuvo hambre y sed, pero esperó el momento correcto en que su Padre proveería para su necesidad.

El problema no es tener necesidades, sino buscar satisfacción fuera de la voluntad y de la provisión de Dios.

1. Glotonería: robarle a nuestra salud y debilitar el templo de Cristo.

2. Manipular a otros con mentiras para satisfacer esa necesidad.

Juan 8:44: “El que habla mentira, habla el lenguaje de su padre, el diablo; él es el padre de la mentira”.

3. Descuidar nuestra familia, nuestra relación con Dios y nuestra responsabilidad con la Iglesia para tener más posesiones materiales y menos espirituales.

2. La segunda necesidad básica es la necesidad de seguridad, física y económica.

Todos queremos sentirnos seguros física y económicamente.

Los que vinimos a este país lo hicimos buscando el sueño americano.

Cuando yo era pequeño, escuchaba que en este país a la gente se le caían los centavos en las calles y no los recogía; con cinco centavos, en mi país se podía cenar.

Algunos nos encontramos con la realidad de que lograr este sueño americano no era tan fácil.

Esta necesidad básica de seguridad nos puede llevar a tomar decisiones sin la aprobación de Dios.

Algunos vivimos endeudados con cantidades que no podemos pagar. Esa es una trampa que nos mantiene fuera del refugio del Altísimo porque nuestra mente no está dependiendo de Él.

3. La tercera necesidad básica que tenemos es: La necesidad social o de afiliación: la necesidad de relacionarse, de sentirse amado y apreciado.

Todos nacemos con la necesidad de ser amados y de amar. Dios nos hizo así.

¿Dónde está la trampa, el lazo del cazador? En entrar en relaciones ilícitas que no han sido diseñadas por Dios. 2 Corintios 6:14: “No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas?”.

Pero cuando permitimos que sea Dios el que llene esa necesidad y ponga a las personas correctas en nuestras vidas, las relaciones que nos rodean son una bendición.

4. La cuarta necesidad que tenemos como humanos es:

Necesidad de aceptación: necesidad de estima, de autoestima y de ser reconocido por otros.

Cuando esas necesidades no son llenadas, entonces somos atraídos por cosas que pensamos que pueden llenar ese vacío.

¿Qué es la “necesidad de aceptación”?

Desde un punto de vista humano, todos deseamos ser amados, valorados y aceptados. Dios nos creó para vivir en comunidad. No es malo en sí mismo anhelar aceptación. De hecho, la Biblia nos llama a amar, aceptar y edificar a otros.

El problema no está en el deseo, sino en el lugar y la manera en que buscamos satisfacerlo.

¿Cuándo se convierte en pecado?

1.   Buscamos agradar a los hombres por encima de agradar a Dios.

“¿Busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo.” (Gálatas 1:10)

2.   Participar en pecados, callar verdades y aceptar doctrinas erróneas para no ser rechazados.

3.   Cuando nuestra identidad se forma con base en lo que otros opinan y no en lo que Dios dice. Esto nos esclaviza a la aprobación humana.

Proverbios 29:25: “El temor del hombre pondrá lazo; mas el que confía en Jehová será exaltado”.

4.   Nos escapamos de esta trampa confiando más en Dios que en nuestros sentimientos.

II.         SEGUNDA RAZÓN FUNDAMENTAL: NUESTROS INSTINTOS NATURALES

Santiago 1:13-16: “Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie; 14 sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. 15 Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte”.

La concupiscencia es como una trampa interna que nos atrae y nos seduce: un ratón con un queso dentro. Son deseos pecaminosos naturales. Es una palabra en latín que quiere decir: deseo ardiente; capilla ardiente. Deseos que se oponen a Dios. Cuando este deseo no es refrenado o entregado a Dios, terminamos siendo víctimas de la trampa del enemigo.

Esos deseos, si no los llevamos al refugio y no se los entregamos a Dios, nos seducen. Cuando somos seducidos, quedamos atrapados. Por ahí decían que en guerra avisada no muere gente. Caemos en la trampa del pecado, y el pecado inmediatamente da a luz a su hijo: la muerte.

Hay muchos ejemplos bíblicos. Moisés no entró en la tierra prometida. Abraham cayó en la trampa y, por no haber esperado en Jehová, tenemos la guerra en el Medio Oriente. Por no haber esperado en Dios que le proveyera un hijo, tuvo a Ismael con su concubina Agar.

David, el hombre conforme al corazón de Dios, fue víctima de esta trampa interna.

1.    La tentación: “Es atraído y seducido por su propia concupiscencia”.

Se suponía que estuviera en la guerra con su ejército, pero el ocio lo estaba esperando.

“Vio desde el terrado a una mujer que se estaba bañando, la cual era muy hermosa.” (2 Samuel 11:2)

David miró, y esa mirada despertó un deseo carnal. La concupiscencia tomó lugar cuando él no rechazó la tentación, sino que se quedó observando y deseando.

Eclesiastés 1:8: “Todas las cosas son fatigosas más de lo que el hombre puede expresar; nunca se sacia el ojo de ver, ni el oído de oír”.

2.    La concepción del pecado: “La concupiscencia, después que ha concebido”.

“Envió David a preguntar por aquella mujer.” (v.3) “Y la tomó; y se acostó con ella.” (v.4)

La concupiscencia se convirtió en acción. El deseo dio lugar al pecado de adulterio. Aquí ya no era solo una lucha interna, sino un acto consumado.

3. El pecado consumado: “El pecado, siendo consumado…”

“David escribió en la carta, diciendo: Poned a Urías al frente en lo más recio de la batalla, y dejadlo solo, para que sea herido y muera.” (v.15)

Para encubrir su pecado, David cayó aún más profundo: mentira, manipulación y asesinato indirecto. El pecado avanzó sin freno.

4. El resultado: “Da a luz la muerte”.

La muerte del hijo concebido en adulterio (2 Samuel 12:18).

Violencia y tragedias en su familia (Amnón, Absalón).

La pérdida de autoridad moral.

Una herida espiritual que marcó su vida.

Aunque David fue perdonado por Dios al arrepentirse sinceramente (Salmo 51), las consecuencias lo acompañaron el resto de su vida.

Aplicación espiritual

La concupiscencia no es pecado hasta que uno la alimenta. David pudo haber apartado la mirada, orado, ocupado su mente o ido a la batalla, pero eligió seguir el deseo.

Conocer las trampas de Satanás nos libra de ser víctimas.

III.      TERCERA RAZÓN FUNDAMENTAL: EL ENGAÑO

El enemigo muchas veces simula una situación segura y atractiva cuando, en realidad, es una trampa.

El enemigo usa camuflaje. 2 Corintios 11:14: “Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz”.

Tolerancia moral, muchas veces disfrazada de amor.

Justificar el pecado (sexualidad, corrupción, mentira) en nombre de la “aceptación” o del “amor”.

Experiencias emocionales intensas que se interpretan como si Dios hubiera hablado.

La serpiente en el Edén (Génesis 3): se presentó como amiga y ayudadora.

1.    Eva: Génesis 3.

Deseo: “Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos” (Génesis 3:6).

Seducción: la serpiente la engañó y la convenció con una mentira sutil: “No moriréis; seréis como Dios” (Génesis 3:4-5).

Pecado: comió del fruto prohibido.

Muerte: entrada del pecado y la muerte en el mundo (Romanos 5:12). Separación espiritual de Dios y eventual muerte física.

Él proveerá, junto con la prueba, literalmente, “la salida”. La imagen es la de un ejército atrapado en las montañas que escapa de una situación imposible a través de un paso.

Dios nos libra de los lazos del cazador, pero nosotros tenemos que ser sabios y conocer las trampas del enemigo de nuestras almas.

Recordemos:

Él enemigo nos atrae apelando a nuestras necesidades.

Èl usa nuestros instintos para tentarnos.

ÈL camufla las mentiras para que parezcan verdades.

Si nos mantenemos en el refugio de Dios, con su Palabra en nuestras mentes y la oración en nuestros labios, el enemigo buscará a alguien débil porque a nosotros no podrá engañarnos.

 

 

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