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Los Santos y Fieles como Participantes del Misterio de Cristo y de la Misión de la Iglesia

Israel Cordovés 

Pasaje Bíblico: Efesios 3:1-13

Israel Cordovés
Pasaje Bíblico: Efesios 3:1–13

Idea central: Si los santos y fieles creemos lo que Efesios 1 y 2 enseñan, entonces debemos vivir como participantes del misterio de Cristo y de la misión de la iglesia. 

INTRODUCCIÓN

Les invito a buscar en el libro de Efesios, capítulo 3. Hemos venido estudiando esta serie del libro de Efesios bajo el tema: “Santos y fieles”. Eso somos nosotros. Así comienza la carta:

Efesios 1:1“Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, a los santos y fieles en Cristo Jesús que están en Éfeso”.

Esta carta llega también a nosotros, porque en Cristo somos igualmente santos y fieles. Santos, no porque seamos perfectos ni mejores que otros, sino porque hemos sido separados para Dios. Y fieles, no porque nuestra fidelidad nazca de nosotros mismos, sino porque Dios es fiel, y por su gracia nos sostiene.

Los capítulos 1 y 2 de Efesios nos han dado el gran fundamento doctrinal de la iglesia. Allí hemos visto que Dios nos escogió, nos predestinó, nos redimió, nos salvó por gracia, y nos hizo su pueblo. También vimos que Cristo derribó la pared intermedia de separación e hizo de judíos y gentiles un solo pueblo, un solo hombre nuevo, su iglesia.

Al final del capítulo 2, Pablo enseña que somos edificados como morada de Dios en el Espíritu. Y ahora, al comenzar el capítulo 3, aparece dos veces una expresión clave: “Por esta causa” (3:1, 3:14). Es decir: por todo lo que Dios ya ha hecho y revelado en los capítulos 1 y 2, ahora Pablo entra en una transición doctrinal y pastoral que prepara el camino para la aplicación práctica de los capítulos 4 al 6.

I.              LOS SANTOS Y FIELES DEBEMOS APRENDER DE LA TEOLOGÍA DEL PRISIONERO DE CRISTO (3:1)  “Por esta causa yo Pablo, prisionero de Cristo Jesús por vosotros los gentiles”.

1. La perspectiva de Pablo

Pablo no se ve a sí mismo como prisionero de Roma, sino como prisionero de Cristo. Humanamente hablando, estaba preso por el poder imperial; pero teológicamente hablando, él entendía que estaba allí bajo la soberanía de Cristo.

Literalmente, el texto dice: “Por esta causa yo, Pablo, el prisionero de Cristo…”

Esa es una expresión profundamente cristiana. Pablo interpreta su sufrimiento a la luz de la soberanía de Dios. No dice: “Roma me encarceló”. Dice, en esencia: “Cristo me tiene aquí”. Esto se aplica a todos nuestros problemas o circunstancia difícil en nuestras vidas. Todas están orquestadas en el perfecto plan de Dios.

2. El principio teológico para la iglesia

Aquí vemos teología aplicada. Todo lo que Pablo enseñó en los capítulos 1 y 2 acerca de la elección, la gracia, el propósito eterno de Dios y la obra soberana de Cristo, ahora lo aplica a su propia situación.

En otras palabras, Pablo nos enseña que la doctrina no es un lujo académico; es el fundamento para vivir, sufrir y perseverar. La música puede consolar por un momento, pero es la teología bíblica la que sostiene el alma en la prueba.

Por eso, los santos y fieles debemos aprender a pensar como Pablo:
si estamos en prueba, no estamos fuera del control de Dios; seguimos estando bajo la mano de Cristo.

II. LOS SANTOS Y FIELES DEBEMOS APRENDER QUE HAY UN MISTERIO EN EL PLAN DE DIOS QUE HAY QUE LEER EN LA PALABRA (3:2–6)

Pablo ahora pasa a explicar que existe un misterio revelado, de suma importancia para la humanidad. No se trata de un secreto esotérico ni de una religión de misterios, sino de un plan divino antes oculto y ahora revelado en Cristo.

1. El misterio de Dios fue confiado como una administración de gracia (v.2) “Si es que habéis oído de la administración de la gracia de Dios que me fue dada para con vosotros”.

Pablo entiende su ministerio como una administración de gracia. Es decir, Dios le confió una tarea, una mayordomía, una responsabilidad para el bien de los gentiles.

Podría parafrasearse así: “Sin duda ustedes se han enterado del plan que Dios, en su bondad, me asignó para el bien de ustedes.”

Pablo no se asignó a sí mismo. Dios lo llamó. Dios lo envió. Dios le dio esa labor.

2. El misterio de Dios fue revelado sobrenaturalmente (v.3) “Que por revelación me fue declarado el misterio…”

El misterio no fue descubierto por inteligencia humana ni por esfuerzo filosófico. Fue revelado por Dios. Es una verdad que el hombre jamás habría alcanzado por sí solo.

3. El misterio de Dios se comprende al leer la Palabra (v.4) “Leyendo lo cual podéis entender cuál sea mi conocimiento en el misterio de Cristo”.

Aquí Pablo da una lección clave: la revelación divina se recibe al leer la Escritura. Por eso leemos la Biblia. No porque sea una costumbre religiosa, sino porque en ella Dios nos da a conocer a Cristo.

La iglesia no vive de supuestas visiones, de supersticiones, de experiencias místicas o de mensajes esotéricos. Vive de la Palabra de Dios. Al leerla, entendemos el misterio de Cristo.

4. El misterio de Dios ahora ha sido revelado por el Espíritu (v.5) “Misterio que en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres, como ahora es revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu”.

Lo que antes no fue dado a conocer con la claridad actual, ahora ha sido revelado por el Espíritu Santo a los apóstoles y profetas. Esto resalta el carácter único de la revelación neotestamentaria.

5. El misterio ha sido revelado por medio del evangelio (v.6) “Que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio”.

Aquí Pablo define el contenido del misterio que en Cristo, por medio del evangelio, los gentiles son incorporados plenamente al pueblo de Dios. Ya no están fuera. Ya no son extraños. Son coherederos, miembros del mismo cuerpo y copartícipes de la promesa.

El misterio revelado es, en esencia, Cristo y su obra redentora formando un solo pueblo de judíos y gentiles.

III. LOS SANTOS Y FIELES HEMOS DE ENTENDER EL MINISTERIO DE PABLO COMO EL MEDIO POR EL CUAL RECIBIMOS EL CONOCIMIENTO DE ESTE MISTERIO (3:7–9)

Efesios 3:7–9 presenta el ministerio de Pablo como instrumento de Dios para proclamar este misterio.

1. Un ministerio que nace de la gracia de Dios (v.7) “Del cual yo fui hecho ministro por el don de la gracia de Dios que me ha sido dado según la operación de su poder”.

Pablo fue hecho ministro, no por mérito propio, sino por el don de la gracia de Dios. Todo ministerio verdadero nace de la gracia, no del orgullo humano.

2. Un ministerio que se ejerce con humildad profunda (v.8a) “A mí, que soy menos que el más pequeño de todos los santos…”

La verdadera doctrina produce humildad. Pablo, siendo apóstol, se considera menos que el más pequeño. La gracia de Dios no infla al creyente; lo humilla.

Quien entiende Efesios 1 y 2 no puede salir orgulloso, sino agradecido. Si todo es por gracia, entonces no hay lugar para la arrogancia espiritual.

3. Un ministerio con una proclamación gloriosa (v.8b) “…me fue dada esta gracia de anunciar entre los gentiles el evangelio de las inescrutables riquezas de Cristo”.

Las riquezas de Cristo son inescrutables, imposibles de medir plenamente. Son profundas, infinitas, gloriosas. Cristo no puede ser agotado por la mente humana. Su gracia, su amor, su salvación y sus caminos son inmensurables.

4. Un ministerio que revela el plan eterno de Dios (v.9) “Y de aclarar a todos cuál sea la dispensación del misterio escondido desde los siglos en Dios, que creó todas las cosas”.

Pablo fue llamado no solo a predicar, sino a aclarar el plan eterno de Dios. El evangelio no improvisa. La iglesia no nació por accidente. Todo pertenece al propósito eterno de Dios.

IV. LOS SANTOS Y FIELES SOMOS PARTICIPANTES DEL MISTERIO DE CRISTO Y DE LA MISIÓN DE LA IGLESIA (3:10–13)

Ahora Pablo aterriza esta doctrina en la vida de la iglesia.

1. La iglesia es el escenario de la sabiduría de Dios (v.10) “Para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia…”

La iglesia no es un accidente histórico ni una simple institución humana. Es el escenario donde Dios exhibe su multiforme sabiduría. Por medio de la iglesia, Dios da a conocer su sabiduría aun a los principados y potestades.

Esto significa que la iglesia tiene un papel central en el plan de Dios.

2. La iglesia es resultado del propósito eterno de Dios (v.11) “Conforme al propósito eterno que hizo en Cristo Jesús nuestro Señor”.

La iglesia existe conforme al propósito eterno de Dios. Ser parte de una congregación no es un detalle opcional de la vida cristiana. Es parte del diseño eterno de Dios en Cristo.

3. Los creyentes disfrutan del privilegio del acceso a Dios (v.12) “En quien tenemos seguridad y acceso con confianza por medio de la fe en él”.

En Cristo tenemos libertad, seguridad y acceso a Dios. La iglesia vive cerca de Dios, confiada en la obra de Cristo. No se acerca por méritos propios, sino por la fe en Él.

4. Los creyentes deben perseverar a pesar del sufrimiento (v.13) “Por lo cual pido que no desmayéis a causa de mis tribulaciones por vosotros, las cuales son vuestra gloria”.

Pablo termina exhortando a no desmayar. El sufrimiento no invalida el plan de Dios; muchas veces lo confirma. La iglesia debe perseverar. Los santos y fieles no están llamados a retroceder, sino a mantenerse firmes en la gracia, en la verdad y en la misión.

CONCLUSIÓN

Efesios 3:1–13 nos enseña que, si de verdad creemos lo que Dios ha hecho en los capítulos 1 y 2, entonces debemos vivir a la altura de esa verdad.

Debemos aprender de la teología del prisionero de Cristo.
Debemos entender que el misterio de Dios ha sido revelado.
Debemos leer la Palabra para conocer ese misterio.
Debemos reconocer que el ministerio cristiano nace de la gracia y se ejerce con humildad.
Y debemos entender que la iglesia ocupa un lugar central en el propósito eterno de Dios.

En resumen: los santos y fieles participan del misterio de Cristo, reciben su revelación en la Palabra, y son llamados a vivir en la iglesia como instrumentos de la misión de Dios en el mundo.

Amén.

Preguntas para conversar durante el compartimiento de la Palabra (Estas preguntas tienen el objetivo de fomentar observación, comprensión, reflexión y aplicación a nuestras vidas)

  1. Observación del texto
    En Efesios 3:1 Pablo se describe como “prisionero de Cristo Jesús”.
    ¿Qué nos enseña esta expresión sobre cómo Pablo entendía sus circunstancias y su relación con la voluntad de Dios?
  2. Comprensión del mensaje
    En este pasaje Pablo habla del “misterio de Cristo” que ahora ha sido revelado.
    Según Efesios 3:2–6, ¿cuál es ese misterio y por qué era tan importante para la iglesia?
  3. Reflexión personal
    El apóstol Pablo afirma que su ministerio y su salvación son resultado de la gracia de Dios y que esto produce humildad (Efesios 3:7–8).
    ¿De qué manera la comprensión de la gracia de Dios debería influir en nuestra actitud y en nuestro servicio dentro de la iglesia?
  4. Aplicación a la vida
    ¿Cómo quiere Dios que apliquemos este pasaje bíblico (o este sermón) a nuestras vidas?

 


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