Dr. Israel Cordoves, Jr. Efesios 1 del Papiro 46 (𝔓46)
Ilustracion del Papiro 46 (𝔓46) Pictures of Papyrus 46 - Eph Page 1
- Fecha: alrededor del año 200 d.C. (finales del siglo II o inicios del III)
- Contenido: gran parte de las cartas del apóstol Pablo, incluyendo Efesio
Importancia:
Es el testimonio más antiguo y extenso que poseemos de Efesios- Confirma que la carta circulaba ampliamente y era reconocida como paulina muy temprano
- Ubicación actual: Chester Beatty Library, Dublín (Irlanda) y University of Michigan, Ann Arbor (EE. UU.) - (El manuscrito está dividido entre ambas instituciones)
Serie: Efesios – La Iglesia de Cristo: Un Organismo Vivo
Sermón 1: “La Iglesia de Cristo: Santos y Fieles”
INTRODUCCIÓN
GENERAL
1 En ἐν 94
2 Cristo Χριστός Christós 47
Hermanos, hoy comenzamos una nueva serie en la carta a los Efesios. Y para abrir el corazón y entrar con reverencia a este libro, quiero traer una historia que muchos conocen.
El 15 de abril de 1912, el
mundo quedó marcado por la tragedia del Titanic. Mientras el barco se hundía,
hubo un grupo de músicos —ocho hombres— que tomaron una decisión que quedó
grabada en la historia. En lugar de abandonar su lugar, continuaron tocando.
Los testigos dicen que desde los botes salvavidas se escuchaba la música hasta
que llegó el momento final, cuando el barco se inclinó, se partió y desapareció
bajo las aguas.
Y lo que tocaron —dicen los
relatos— fue un himno: “Cerca de ti, Señor”.
Un himno que expresa el deseo del creyente en medio de la aflicción: estar
cerca de Dios cuando la vida se rompe, cuando tiembla el suelo, cuando el
corazón se queda sin fuerzas.
Esa historia hizo más famoso el
himno, pero más que eso, reveló algo que hoy casi no se ve: fidelidad en
medio de la prueba.
Y por eso comienzo así. Porque
Efesios inicia describiendo a la iglesia con una frase breve, pero profunda y
desafiante: “a los santos y fieles”.
Hoy quiero que entremos al
texto con tres verdades sencillas, pero eternas. Tres realidades que definen
quién es la iglesia.
Efesios 1:1–2
“Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de
Dios, a los santos y fieles en Cristo Jesús que están en Éfeso: Gracia y paz a
vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.”
Consideremos la siguiente tabla:
1 En ἐν 94
I. Santos y fieles según la voluntad de Dios (v. 1a)
El texto comienza diciendo:
“Pablo, apóstol de
Jesucristo por la voluntad de Dios…”
Pablo no se presenta como
apóstol por mérito personal, ni por ambición religiosa, ni por un deseo de
liderazgo. Pablo dice: “por la voluntad de Dios”.
Y esa frase no es un detalle
pequeño. Es el fundamento de toda la vida cristiana.
Porque del mismo modo que Pablo
fue llamado por la voluntad de Dios, la iglesia existe por la voluntad de Dios.
La iglesia no es un club social. No es una organización humana que nació porque
un grupo de personas se puso de acuerdo. La iglesia existe porque Dios la
llamó.
Hermanos, esto nos humilla.
Porque nosotros no somos santos
y fieles porque un día dijimos: “voy a salvarme”, o “hoy decido cambiar mi
vida”. No. Usted no se salva a sí mismo. Yo no me salvo a mí mismo.
En la vida diaria, aun en lo
natural, cuando las aguas se ponen serias, uno entiende una verdad: uno no
se puede salvar solo. Se necesita rescate.
Y la Biblia nos enseña que la
salvación no es el resultado de la voluntad humana, sino de la voluntad divina.
Por eso la iglesia es descrita
como:
“a los santos y fieles…”
Primero, santos. Santo
significa apartado. Separado para Dios.
Esto viene del Antiguo
Testamento: los utensilios del tabernáculo eran santos porque estaban separados
para el uso de Dios. No eran santos porque eran bonitos; eran santos porque le
pertenecían a Dios.
Así también nosotros.
Pero además, ser santo no es
solo una posición; es un proceso. Dios nos apartó, y Dios nos sigue apartando.
Es la santificación: ser conformados cada día a Cristo.
Luego dice: fieles.
En un mundo donde la fidelidad
se ha vuelto un “eslabón perdido”, Dios quiere una iglesia fiel. Fiel en el
testimonio. Fiel en la Palabra. Fiel en la obediencia. Fiel en el servicio.
Y aquí quiero hacer una
aplicación pastoral: especialmente a los líderes, a los siervos, a quienes
trabajan, a quienes sostienen la obra. La iglesia necesita líderes fieles. La
iglesia necesita hermanos fieles. Fieles cuando hay ánimo, y fieles cuando hay
cansancio. Fieles cuando todo va bien, y fieles cuando parece que el barco se
está hundiendo.
Aquellos músicos del Titanic no
fueron famosos por su fama anterior, sino por su fidelidad final. Y esa imagen
nos confronta: ¿seremos nosotros fieles cuando llegue la noche? ¿seremos fieles
cuando el mundo tiemble? ¿seremos fieles cuando el dolor llegue a nuestra casa?
La respuesta no se sostiene en
nuestro carácter. Se sostiene en la voluntad de Dios que nos llamó y nos
apartó.
II. Santos y fieles en Cristo Jesús (v. 1c)
Luego Pablo añade una frase que
es como una puerta que se abre al tesoro de Efesios:
“…en Cristo Jesús…”
Hermanos, aquí está una de las
expresiones más importantes de esta carta: “en Cristo”.
Pablo está diciendo que la
iglesia tiene dos realidades simultáneas:
- una realidad geográfica: “que están en Éfeso”
- y una realidad espiritual: “en Cristo Jesús”
Éfeso era la ciudad. Cristo era
la vida.
Y esto es vital: la verdadera
identidad de la iglesia no está en la geografía, ni en la cultura, ni en el
edificio, ni en el nombre de la denominación. La identidad de la iglesia está en
Cristo.
Creer en Cristo no es solo
admirarlo o respetarlo. Creer en Cristo es entrar en Él.
Es como entrar en una casa y
decir: “Aquí estoy”. Con mis pecados. Con mis temores. Con mis dudas. Con mis
cargas. Con mi pasado. Con mi dolor. Con mi futuro. Con mis preguntas.
“En Cristo” significa que yo
deposito mi vida completa en Él.
Por eso el cristianismo no es
un pie en Cristo y otro pie en el mundo. No es mitad iglesia y mitad calle. No
es un corazón dividido.
La fe verdadera es entrar por
completo.
Ahora, Pablo no dice solo
“Cristo”, dice “Cristo Jesús”.
Cristo significa Mesías,
el Ungido. Jesús significa Salvador.
El Ungido que salva. El Mesías que rescata.
Y en el primer siglo decir eso
tenía consecuencias. Porque el imperio romano decía que el único señor era el
César. Pero los cristianos decían: Jesucristo es el Señor.
Hoy cualquiera se llama
cristiano, pero el texto nos llama a recordar: sin Cristo no somos nada. Y aun
los demonios creen, pero no se rinden. La fe salvadora es rendirse, entrar y
permanecer.
Aquí va otra aplicación: hay
personas que viven frustradas cambiando de iglesia, buscando un lugar perfecto,
buscando un programa perfecto, buscando un líder perfecto. Pero el problema no
es el lugar. El problema es el corazón.
La vida no cambia por mudarse
de “geografía religiosa”. La vida cambia por estar en Cristo.
Cristo es la verdadera
geografía del creyente.
III. Santos y fieles viviendo la gracia y la paz (v. 2)
Entonces Pablo dice:
“Gracia y paz a vosotros, de
Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.”
Qué frase. Qué provisión. Qué
descanso.
Pablo no comienza con demandas.
No comienza con regaños. No comienza con “hagan esto” y “no hagan aquello”.
Comienza con lo que Dios da.
Gracia y paz.
Y el orden importa.
No dice “paz y gracia”. Dice: gracia
y paz.
Porque no hay paz verdadera sin
gracia.
La paz que el mundo ofrece no alcanza.
Algunos creen que la paz viene
por progreso humano. Otros por revolución. Otros por terapias. Otros por
ideologías. Otros por dinero. Otros por entretenimiento. Otros por control.
Pero la paz que el hombre
fabrica es frágil.
La paz verdadera viene de Dios,
y solo se recibe por gracia.
La gracia es el regalo
inmerecido de Dios. Es el favor que no se compra. Es la salvación que no se
gana. Es lo que Dios da porque Él es bueno, no porque nosotros lo merecemos.
Y esa gracia produce paz: paz
con Dios, paz en la conciencia, paz en medio de la tormenta, paz en la
aflicción, paz cuando el barco cruje.
Por eso aquella estrofa del
himno tiene sentido: no es romanticismo religioso; es teología cantada. En la
aflicción, el creyente pide: “hazme tu rostro ver”.
Porque cuando la vida duele, no
necesitamos solo soluciones; necesitamos la presencia. Y esa presencia
está garantizada “en Cristo”.
Pablo dice que esta gracia y
esta paz vienen de dos fuentes unidas:
“de Dios nuestro Padre”
y “del Señor Jesucristo”.
La iglesia vive sostenida por
esa combinación perfecta: el Padre y el Hijo, obrando para salvar, sostener,
santificar y guardar a su pueblo.
Conclusión: Tres verdades que deben vivir en nuestros corazones
Hermanos, hoy solo abrimos la
puerta de Efesios. Y aun en estos dos versículos, Dios nos ha dado tres
verdades que deben quedar grabadas:
- Somos santos y fieles según la voluntad de Dios.
No nacimos de decisión humana, sino del llamado divino. - Somos santos y fieles en Cristo Jesús.
Nuestra identidad no es el lugar donde estamos, sino la Persona en quien permanecemos. - Somos santos y fieles viviendo la gracia y la paz de
Dios.
No podemos caminar en ansiedad y derrota si estamos llamados a vivir del regalo de Dios y del reposo de Dios.
Y si el mundo se vuelve oscuro,
si la cultura se hunde, si la prueba aprieta, si el “Titanic” de nuestra época
cruje… entonces, que se diga de nosotros lo mismo que Pablo dijo de aquella
iglesia:
“a los santos y fieles en
Cristo Jesús.”
Que Dios nos haga así.
Que Dios forme así a su iglesia.
Y que su gracia y su paz reinen en nosotros.
Amén.

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