¿Tenemos apóstoles hoy en el mismo sentido que los Doce o Pablo?

No, rotundamente no.

El apostolado fundacional fue único, irrepetible y ligado a testigos oculares del Cristo resucitado y a la recepción de revelación directa con autoridad doctrinal universal. Hoy existen misioneros, plantadores de iglesias y enviados —en el sentido funcional del término—, pero no apóstoles en el sentido fundacional del Nuevo Testamento. La Iglesia está edificada sobre ese fundamento ya puesto, no se está colocando uno nuevo (Efesios 2:20).

Además, el mismo Pablo reconoce el carácter excepcional y no repetible de su llamamiento cuando declara que Cristo se le apareció “como a un abortivo” y se considera “el último” en la línea de apariciones apostólicas (1 Corintios 15:8), subrayando que su apostolado marcó el cierre de esa etapa fundacional.

¿Qué enseña el Nuevo Testamento?

La enseñanza del Nuevo Testamento presenta una distinción clara entre los apóstoles fundacionales y aquellos que fueron llamados “apóstoles” en un sentido más amplio o ministerial. Los Doce originales —Pedro, Andrés, Jacobo hijo de Zebedeo, Juan, Felipe, Bartolomé (Natanael), Tomás, Mateo (Leví), Jacobo hijo de Alfeo, Tadeo (Judas hijo de Jacobo), Simón el Zelote y Judas Iscariote— fueron escogidos directamente por Cristo (Mateo 10:2–4; Marcos 3:13–19; Lucas 6:12–16) y constituyen el grupo representativo de las doce tribus de Israel, siendo testigos oculares de la vida, muerte y resurrección del Señor. Tras la traición y muerte de Judas Iscariote, Matías fue elegido (Hechos 1:15–26) para completar el número apostólico, destacando la necesidad de que el apóstol fuera testigo de la resurrección. Más tarde, Pablo fue llamado de manera especial por el Cristo resucitado camino a Damasco (Hechos 9:3–16; Gálatas 1:1; 1 Corintios 15:9–10), recibiendo autoridad apostólica directa del Señor como “apóstol a los gentiles”. Además, el término griego apostolos (“enviado”) se utiliza en sentido amplio para referirse a líderes misioneros como Bernabé (Hechos 14:14), Santiago el hermano del Señor (Gálatas 1:19), Andrónico y Junia (Romanos 16:7), Epafrodito (Filipenses 2:25), y posiblemente Silas y Timoteo (1 Tesalonicenses 2:6), así como otros considerados “apóstoles de las iglesias” (2 Corintios 8:23). Sin embargo, doctrinalmente el fundamento de la Iglesia está constituido únicamente por “los apóstoles y profetas” (Efesios 2:20), y Apocalipsis 21:14 afirma que los cimientos de la Nueva Jerusalén llevan los nombres de los doce apóstoles del Cordero, indicando un número cerrado y fundacional.


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