Un Niño con un nombre que salva

“Ella dará a luz un hijo; y llamarás su nombre Jesús, Porque él salvará a su pueblo de sus pecados." Mateo 1:21  

            ¡Que promesa y que esperanza para el mundo! La salvación deseada por todo un pueblo llegó con la venida de este pequeño niño tan solo porque su nombre significa salvación.  Para empezar, el descanso a todas nuestras tribulaciones diarias que empezaron el día de la caída de Adán y Eva, llega a nosotros con la llegada del dulce niño Jesús. ¡Que oportuna la llegada de ese niño!   Dios lo hizo y lo recuerda tan solo con el nombre Jesús.

¿Quién lo diría? ¿Con ese niño del pesebre llegó la salvación?  Primeramente, la promesa se cumplió cuando en la cruz El salvó a su pueblo de sus pecados.  Su preciosa sangre fue superior a la sangre de los animales, ella fue la solución perfecta.  No fue un momento histórico donde el simbolismo y el misticismo gobernaron.  Fue un momento real donde en Su dolor y muerte fuimos nosotros rescatados y redimidos.  El mismo Dios había hablado en su hijo.  No mas sacrificios, no mas legalismo, no mas ofrendas.  -¡Basta!-  Era el grito de Dios.  Dios mismo llegó a odiar los sacrificios (Amos 5:22).  Los sacrificios a Dios parecían sacrificios a los Balees.  Ya el hisopo de los sacerdotes salpicaba la sangre en vano.   Sin ninguna duda era necesaria una salvación personificada. 

Finalmente, ese niño vino a garantizar que Dios tiene un pueblo. El ángel dijo que ese niño salvaría al pueblo de Dios.  De manera,  que con la entrada de ese niño al mundo la antigua promesa de que Dios tendría un pueblo para El se cumplió.   Este pueblo estaría formado solamente por aquellos que fueran cubiertos por la sangre de Jesús.  Cuando la preciosa sangre de Jesús fue derramada, la vida y la salvación comenzaron para ese pueblo de Dios.  Nuestros pecados fueron perdonados para siempre y se garantizó una salvación que no se pierde.  Ese pueblo fue y es La Iglesia de Cristo.  Si, en Jesús somos parte del divino pueblo que ha sido salvo del pecado y de las garras del Infierno y todo por su dulce y bello nombre Jesús.
¡Amen!
Pastor I.C


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