Cántale al Señor nuevas alabanzas

"A ti, Dios, cantaré un cántico nuevo;… "
-Salmo 144:9
He aquí un alma que conoce lo que es adorar al Señor. Para empezar, el adorador de este salmo ha reconocido la verdadera dirección de la adoración. El sabe que la razón de cantar es vertical. Tristemente, en nuestro peregrinaje al tratar de alcanzar una vida de consagración y adoración a Dios tendemos a buscar nuestra propia gloria y alabanza, lo cual es una adoración horizontal, o sea, enfocada en el hombre. Tal no era el problema de este salmista adorador. Para el, Dios es el centro de la alabanza y le reconoce al nivel personal hasta el punto en que su lengua proclama con toda seguridad, ‘a ti, Dios.’ Este salmista puede tutear al Dios porque el lo conoce personalmente. Nadie puede cantar al Dios que no conoce.

Estas palabras del salmista también expresan la emoción de un corazón adorador. ¿Pero como expresar tal emoción? Para este adorador hay una respuesta segura, “cantaré.” ¿Pudieras tu tener tal determinación en tu vida de adoración? Nosotros hemos de unirnos a tal emoción porque miles de razones tenemos.

Finalmente, este salmista no quiere un canto cualquiera. El quiere adorarle a Dios con un cántico nuevo. Un cántico que jamás se halla cantado. ¡Cuanta teología en estas palabras del salmista! Nada agradaba más a un rey como que lo recibieran con un cántico nuevo luego de haber regresado victorioso de la guerra. Cualquier rey se sentiría alagado al ver que se le canta un cántico que jamás halla sido cantado a otro rey. Nuestro Señor se merece lo mejor de la alabanza. El se merece que le cantemos con una adoración especial. No un cántico cualquiera que se le ofrece a cualquier persona. No un cántico amoroso cualquiera. No con un cántico del monto. No, el Dios que nos hizo nacer a una nueva vida se merece, a cambio de hacernos una nueva creación, un cántico nuevo. Esto es porque un cántico nuevo no puede ser cantado sino sale de los labios de un adorador que ha nacido de nuevo.
¡Oh, cantémosle a Dios, el Dios que conocemos personalmente! Pero sobre todo cantémosle un cántico nuevo. El cántico de nuestras vidas nacidas de nuevo.
¡Amén!
Pastor I. Cordovés, Jr.

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